En una nueva entrega de la columna de nutrición, de la mano de Luisina Abrate (MP 44460/8), egresada de la UNC y formada en nutrición médica, hablamos sobre la importancia de incorporar frutas y verduras de estación, una práctica que permite aprovechar alimentos en su mejor momento de cosecha y maduración.
Entre los vegetales característicos del otoño y el invierno se encuentran el zapallo y la batata, ricos en betacarotenos, compuestos antioxidantes que pueden transformarse en vitamina A dentro del organismo. Estos nutrientes contribuyen al cuidado de la piel, la visión, las mucosas y el sistema inmunológico. También aportan vitamina C, fibra y potasio.
La espinaca y la acelga son otras opciones destacadas de esta época. Se caracterizan por su aporte de folatos, vitamina K, magnesio, hierro y antioxidantes. Estos nutrientes participan en procesos fundamentales como la formación de glóbulos rojos, la reparación celular, la salud ósea y la protección frente al estrés oxidativo.
Por su parte, el brócoli aporta vitamina C, fibra, folatos y compuestos azufrados con actividad antioxidante y antiinflamatoria. También ayuda a cubrir requerimientos de vitaminas y minerales esenciales para el correcto funcionamiento del organismo.
Entre las frutas de estación se destacan los cítricos, como la naranja, la mandarina y el pomelo. Son reconocidos por su contenido de vitamina C, flavonoides y fibra, nutrientes que contribuyen al funcionamiento normal del sistema inmune y a la protección de las células frente al daño oxidativo.
Desde la nutrición recuerdan que no existe un alimento capaz de prevenir por sí solo enfermedades como los resfríos o la gripe. Sin embargo, una alimentación variada y rica en frutas y verduras aporta vitaminas, minerales y antioxidantes que el cuerpo necesita para funcionar correctamente. En ese sentido, los alimentos de estación representan una excelente oportunidad para mejorar la calidad de la alimentación cotidiana.