Unas 41 personas fueron asesinadas en una escuela. El joven se anticipó a los presuntos rebeldes islamistas para que no lo mataran a él también.
“Me unté la sangre de mis colegas muertos en la boca, las orejas y la cabeza para que los atacantes pensaran que estaba muerto”, dijo el joven ante la BBC en una entrevista que se hizo en el Hospital General de Bwera, en el distrito de Kasese.
De acuerdo a su relato, los atacantes eran hombres armados que arribaron al lugar cerca de las 22. Estos se encontraron con que los alumnos habían bloqueado la puerta de ingreso al dormitorio, porque advirtieron que estaban en peligro.
“Cuando no pudieron abrir la puerta, arrojaron una bomba dentro del dormitorio y luego usaron martillos y hachas para derribarla”, comentó el sobreviviente.
Mientras él se encontraba lejos de la puerta, sus compañeros formaron un escudo para evitar el ataque, pero fueron asesinados a disparos cuando los violentos ingresaron.