Es difícil que alguien sepa qué es lo que nos espera por delante y la única incertidumbre no parece limitarse a cuestiones electorales.
Es difícil que alguien sepa qué es lo que nos espera por delante. No hay persona que pueda arriesgar –dejando de lado el deseo y el fanatismo- un resultado electoral con cierta seguridad. Sin embargo, la única incertidumbre no parece limitarse a cuestiones electorales.
Independientemente de quién ocupe el Sillón de Rivadavia a partir del 10 de diciembre próximo, las dudas recaen en cuáles serán las chances de éxito tendrá un Presidente de la Nación en modificar cuestiones que gran parte de la sociedad está de acuerdo en que deben ser modificadas pero pocos están dispuestos a pagar el costo a corto plazo que puedan traer las medidas que corrijan el gran desaguisado argentino.
Nadie puede vivir con tres dígitos de inflación anual, ni en un país donde prácticamente la mitad de su población se encuentra por debajo de la línea de pobreza ni menos aún con un gobierno empecinado en echar todas las culpas de sus propios errores al sector privado.