Drones, armas e inteligencia para Bolivia y litio e influencia en la región para Irán, los factores materiales detrás del pacto que firmaron sus gobiernos ideológicamente unidos por el “antiimperialismo”.
De esta manera Bolivia se acerca a los países que componen el “eje del mal” para Washington. Si bien la expresión “eje del mal” fue utilizada en el pasado reciente por el entonces presidente de los Estados Unidos, George W. Bush en su discurso del Estado de la Unión, el 29 de enero de 2002, luego de los ataques a las Torres Gemelas de septiembre de 2001, la categoría con la que describió a regímenes como Irán, Corea del Norte, Libia o Cuba continúa vigente en el imaginario diplomático y militar en las capitales occidentales.
Y, acaso sea ese rasgo, el que une ideológica y conceptualmente a Bolivia con Irán. Una noción que la izquierda latinoamericana, desde la Revolución Cubana en adelante, denominó “antiimperialismo” que tiene en el rechazo de la política exterior de los Estados Unidos su principal fundamento.