Ambos propulsores superpesados y el módulo superior de la nave Starship fueron destruidos durante la prueba.
El módulo superior de la nave Starship funcionó bien al principio. Sin embargo, una compuerta de carga falló al no abrirse por completo, evitando la salida de ocho prototipos de satélites Starlink diseñados para probar las capacidades de despliegue del cargamento.
Cuando la nave perdió el control de su orientación debido a las fugas de combustible, se hizo imposible posicionarla de nuevo para reingresar adecuadamente a la atmósfera. Los controladores de la misión decidieron entonces poner el vehículo "en modo pasivo", descargando el resto del combustible por la borda para garantizar un reingreso incontrolado sobre el océano Índico.
El fracaso de este noveno vuelo de prueba continuó un patrón problemático para el diseño del Block 2 Starship de SpaceX. Los fallos constantes suponen un reto para el programa Artemis de la NASA, que depende de una versión modificada de Starship para el alunizaje de astronautas en la Luna hacia 2027.