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Columna de Salud: "hipertensión arterial"

En una nueva edición de la columna de Salud de Radiocanal, el médico Rolando Calvimonte (MP 33177) abordó una de las enfermedades respiratorias que cobra mayor relevancia durante el invierno: la hipertensión arterial.
Salud Viernes, 31 de julio de 2026
La hipertensión arterial (HTA) es una enfermedad crónica caracterizada por el aumento sostenido de la presión con la que la sangre circula por las arterias. Debido a que generalmente no produce síntomas durante muchos años, suele conocerse como el "asesino silencioso", ya que puede ocasionar daños progresivos en el corazón, el cerebro, los riñones y los vasos sanguíneos sin que la persona lo advierta.

Se considera que una persona presenta una presión arterial normal cuando los valores son inferiores a 130/85 mmHg. Entre 130-139 mmHg de presión sistólica y/o 85-89 mmHg de presión diastólica se habla de una presión limítrofe, mientras que la hipertensión comienza a partir de 140/90 mmHg. A medida que los valores aumentan, también lo hace el riesgo cardiovascular, llegando a los cuadros más severos cuando la presión alcanza o supera los 180/110 mmHg. También existe la denominada hipertensión sistólica aislada, frecuente en adultos mayores, que se caracteriza por una presión sistólica de 140 mmHg o más con una diastólica inferior a 90 mmHg.

En Argentina, la hipertensión continúa siendo un importante problema de salud pública. Los estudios RENATA muestran que, si bien hubo avances entre 2007 y 2016, aún persisten desafíos. En el relevamiento más reciente, realizado en 2016, casi cuatro de cada diez personas hipertensas (38,8%) desconocían que padecían la enfermedad. Además, un 5,7% sabía que era hipertenso pero no recibía tratamiento, mientras que 31,3% estaba medicado aunque sin lograr un adecuado control de la presión arterial. Solamente el 24,2% de los pacientes hipertensos tenía la enfermedad correctamente controlada, lo que refleja la importancia de fortalecer tanto el diagnóstico precoz como la adherencia a los tratamientos.

La hipertensión constituye uno de los principales factores de riesgo para sufrir infartos, accidentes cerebrovasculares (ACV), insuficiencia cardíaca, enfermedad renal crónica y otras complicaciones cardiovasculares. Por este motivo, la medición periódica de la presión arterial es fundamental, incluso en personas que se sienten completamente sanas.

Para prevenir la enfermedad o mantenerla bajo control, los especialistas recomiendan adoptar hábitos saludables. Entre ellos se destacan reducir el consumo de sal, evitar los alimentos ultraprocesados ricos en sodio, mantener una alimentación equilibrada con abundantes frutas y verduras, realizar actividad física de forma regular, conservar un peso adecuado, no fumar, moderar el consumo de alcohol, dormir las horas necesarias y controlar el estrés. En quienes ya fueron diagnosticados con hipertensión, también resulta indispensable cumplir el tratamiento farmacológico indicado por el médico y no suspender la medicación sin indicación profesional, aunque las cifras de presión se encuentren normalizadas.

Otro aspecto que suele pasar desapercibido es que algunos medicamentos y sustancias pueden elevar la presión arterial o dificultar su control. Entre ellos se encuentran los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), los corticoides, los esteroides anabólicos, algunos descongestivos nasales, determinados antidepresivos, anticonceptivos orales y tratamientos hormonales con estrógenos. También pueden influir el consumo excesivo de alcohol, las bebidas energizantes, el exceso de cafeína, ciertos productos de herboristería como el regaliz, medicamentos como la eritropoyetina, la ciclosporina, el bupropión, algunos fármacos para la migraña y, por supuesto, sustancias de abuso como las anfetaminas y la cocaína. Por ello, siempre es recomendable informar al médico sobre toda la medicación y los suplementos que se consumen.

La hipertensión arterial puede prevenirse, detectarse a tiempo y tratarse eficazmente. Los controles médicos periódicos, el diagnóstico temprano y la incorporación de hábitos de vida saludables son las herramientas más importantes para reducir el riesgo de complicaciones y mejorar la calidad y la expectativa de vida.
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